||APRENDIZAJES: Un Yo, Mi, Me, Conmigo y el Pedraforca.

APRENDIZAJES: Un Yo, Mi, Me, Conmigo y el Pedraforca.

Cuando la predisposición es la correcta y la consciencia está activada, los aprendizajes se identifican con mayor claridad y la satisfacción no solo de vivirlos, sino de compartirlos, multiplican sus beneficios.

Esta historia es la mía, la manera de plantearla también y tuvo lugar en agosto del año pasado cuando me dispuse a convertir en realidad ese sueño de poder estar sola unos días en un refugio de montaña: un “yo, mi, me, conmigo” que deseaba y necesitaba a partes iguales.

El destino elegido fue Gósol, un tranquilo pueblito de montaña del Pirineo Catalán que ofrecía la desconexión y el entorno ideal para alejarme de la rutina por largos senderos verdes, llenos de frondosos árboles, ríos de agua helada, libros y silencio. Sabía que muchos deportistas y amantes de la naturaleza escogían Gósol porque allí encontraban varias rutas de senderismo, con mayor o menor intensidad y excursiones diversas… siendo también un punto de referencia para ascender al Pedraforca (montaña con una forma muy particular con dos picos, uno superior de 2.497 metros y otro de 2.491 metros)

Sinceramente, mi pretensión no era escalar (soy una persona activa pero no tengo la experiencia ni la preparación que “a priori” creo necesaria para ponerme, cual cabra montesa, a subir montañitas sin más)

PRIMERA CREENCIA LIMITANTE.

Aunque lo cierto es que atravesando las últimas curvas de camino a Gósol, cuando se empieza a divisar el Pedraforca, fantaseé con la idea de poder subirlo y una sonrisa se dibujó en mis labios…

¡UN DESEO, UN ANHELO, UN MOTIVO, GANAS! Indispensable para que el aprendizaje se produzca.

Dos días pasaron desde mi llegada al pueblo y me sentía realmente bien, feliz de estar allí y disfrutar de un entorno sin igual. Por el refugio pasaban personas que, como yo, buscaban vivir unos días diferentes o que solo venían a hacer base para subir a diferentes picos de la zona. Esa tercera noche, compartí cena con tres amigas que por la mañana siguiente saldrían al alba con destino: ¡coronar el Pedraforca!

Algo sentí por dentro. Las escuchaba hablar y pensaba que: si bien no era mi objetivo, al igual era una experiencia que podría vivir también… y mi diálogo interno cobró fuerza: ¿ cuántas veces más vendré por aquí?, ¿qué tengo que perder?, que “el que tuvo retuvo” y mis años de chica scout caminando de un lado a otro aún estaban “ahí”, que después de todo la vida son dos días caramba!… Además, a simple vista tampoco parecían chicas atléticas o que se notara que estuvieran físicamente preparadas (lo cual jugaba a mi favor ya que mi estado físico no era boyante).

Ellas, haciendo cálculos, comentaban que 4 horas eran más que suficientes para subir y bajar, yo seguía pensando: ¿cuatro horas?¡Vamos Lorena, tú puedes!

Fueron unos minutos donde hablaba conmigo sobre las posibilidades de hacer cima o que acaben bajándome en helicóptero… unos eternos minutos en los que las miraba, las oía y en mi cabeza había un forcejeo entre las ganas de conseguirlo, de ponerme a prueba, de conseguir ese “plus” en la experiencia o tocar con los pies en el suelo y reconocer que estaba pretendiendo ser un 8 cuando soy un 3.

¡Aquí se dio un PULSO DE CREENCIAS sin tregua!

Pero veía que la sobremesa se acababa y las chicas se disponían a retirarse del comedor, con lo que tenía que tomar una decisión.

PRESIÓN DEL TIEMPO.

Mi decisión estuvo basada en la premisa de que al fin y al cabo eran mis piernas las que me llevarían y mi resistencia la que haría el resto del trabajo. Nadie dependía de mí, ni yo de nadie con lo que me acerqué tímidamente y pregunté si podría acompañarlas. Su respuesta fue un sí rotundo y una parte de mi dijo “¡Lorena, que ya está, que esto va en serio!”.

Así había quedado expuesta mi intención y compromiso, había asumido un pacto… con ellas, pero sobre todo, conmigo.

TOMA DE DECISIÓN, ASUNCIÓN DE UN COMPROMISO.

Tengo que reconocer que me fui a dormir un poco nerviosa, expectante… aunque procuraba no dar demasiadas alas a mis pensamientos y centrarme en lo que necesitaba que era dormir y descansar, el reloj estaba programado para despertarme pronto.

Unos minutos antes de que sonara el despertador, ya tenía un ojo abierto con lo que rápidamente recogí todo, me prepare, desayuné y en menos de una hora estábamos subiendo al coche que nos acercaría al pueblo desde donde comenzaríamos la aventura.

Dejamos el coche en un parking y comenzamos a cruzar las pequeñas y empinadas calles que nos conducirían montaña arriba. En unos minutos ya estábamos caminando entre árboles y los tejados de las casas se hacían más y más pequeños.

Iniciamos el camino hablando de todo un poco: el paisaje, experiencias pasadas en la montaña, algún chiste malo de esos que no pueden faltar… eran realmente unas chicas muy simpáticas. Al cabo de unos 30 minutos de marcha militar, preferí pasarme al silencio porque el corazón daba claras señales de haberse acelerado a un ritmo sorprendente. Pasaron otros minutos más y mi vista ya no se levantaba del suelo, los latidos del corazón los sentía en los oídos. Mis ojos iban encajando cual Tetrix mis pies en el camino, evitando pozos, troncos, decidiendo en segundos qué roca pisar o qué otra se la veía floja y, por si fuera poco, no podía olvidarme de llevar aire a los pulmones, parece ser que es algo vital para el organismo!

PRIMEROS INCONVENIENTES EN EL PROCESO DE APRENDIZAJE.

Ellas continuaban hablando como si estuvieran tomando un refresco en una terraza y sus pasos coordinados y seguros se alejaban cada vez un poco más de los míos, lo que provocaba que hiciera un esfuerzo por alcanzarlos o al menos, que la distancia no quedara tan evidente.

Ya en este punto, donde mis expectativas claramente se habían hecho agua, volvió esa vocecita que temía escuchar: Si es que no tendrías que haber venido. La caminata que has hecho ayer te dejo “tocada” para hoy no poder darlo todo. ¡No tendrías que haber dejado el gimnasio! ¡Ajá al final esas chicas tenían un pequeño “Kilian Jornet” dentro!! Esto te queda grande Lorena…

CUESTIONAMIENTO DE LA DECISIÓN TOMADA Y DEL COMPROMISO QUE CONTRAJE (¿como si estuvieran interrogándome bajo un gran foco? Pues así)

Pero es cierto que de todo lo que se me cruzaba por la cabeza (con mayor o menos grado de lógica) hubo algo que fue un disparador en mí, fue el darme cuenta de que no estaba disfrutando de la experiencia. Solo miraba al suelo, cuando el sentido del viaje era el de disfrutar, mirar los árboles, el cielo, los pájaros… ¡respirar!

Se que si me esforzaba podría seguir caminando detrás ellas (quizás con un GRAN detrás de ellas) y seguramente haría cima y bajaría, aunque estuviera tres días sin poder moverme de las agujetas. Pero lo que no estaba era dispuesta a renunciar el contemplar el paisaje, a ser consciente de lo que estaba haciendo y vivirlo intensamente. Este fue el argumento más fuerte que me permitió deshacer el compromiso y valorar otras alternativas.

PRIMER GRAN APRENDIZAJE. Saber lo que quiero, lo que no quiero y actuar en consecuencia (aunque pueda parecer frente a las chicas que estaba “tirando la toalla” y reconocer que no puedo seguir)… esta decisión iba más allá de la opinión de terceros, era ser fiel y respetar lo que me hace bien.

Había llegado entonces el momento de parar, de decir “basta, no puedo más… doy media vuelta y regreso.”

Con el poco aliento que me quedaba, levanté la voz y les dije a las chicas que continuaran sin mí, que no se preocuparan, que yo estaba bien pero que no podía seguirlas… creo que respondieron con alguna frase hecha y mantuvieron su marcha militar firme y decidida hacia arriba.

En ese momento, cuando me quedé sola sentí una liberación tremenda. Ya no escuchaba solo mis pasos, el canto de los pájaros y el viento entre los árboles habían vuelto. No pude hacer más que quitarme la mochila y estirarme en la hierba para recobrar el aliento.

Hasta que, pasados unos minutos de reconectar con el momento, me senté de un golpe y abriendo los ojos como platos, pensé: ¡Lorena, estás sola! ¡No tienes idea de por dónde seguir subiendo ni por donde bajar!

NUEVA TOMA DE DECISIÓN. ¿Sigo subiendo o bajo?

Si bien había pasado menos tiempo subiendo de lo que aún me quedaba para hacer cima (y bajar luego), no me costó mucho tomar la decisión de seguir camino.

Todavía conservaba el deseo, las ganas de estar arriba. ¿Y lo mejor? Que sabía que quería hacerlo a mi manera. Como decía mi abuela “piano, piano si arriva lontano”

Una vez tomada esta decisión comencé a plantearme ciertas situaciones que probablemente viviría y quería saber “a priori” si estaba dispuesta a afrontarlas:

  • Situación: como había delegado completamente el manejo de la información referida a la subida a las expertas (ruta concreta a seguir con los nombres de los lugares por los que íbamos a pasar, color de las marcas de la senda para continuar), tendría que hacer un esfuerzo por recordar los detalles o recurrir a otras personas para preguntar… ¿estaba dispuesta a hacerlo? ¡SI!
  • Situación: como no conocía el camino probablemente me encontraría con bifurcaciones o pérdida de las marcas del camino en algunos momentos, eso también requería tener que preguntar a otros caminantes o incluso seguir algún camino previendo que, si no es, debería volver y probar otro o esperar que alguien pase y me guíe… vamos, el famoso “prueba y error. ¿Estaba dispuesta a hacerlo? ¡SI!

Me automotivé y convencí que sabría sortear cualquier obstáculo porque estaba abierta a hacer lo que fuera necesario para conseguirlo.

¡FLEXIBILIDAD, ADAPTACIÓN Y ACTITUD! Tres elementos indispensables en el aprendizaje.

La siguiente hora y media la pase avanzando a mi ritmo, probando caminos cuando no tenía claro cuál era el correcto o esperando bajo una sombra que pasara alguien para preguntarle por dónde continuar (y aprovechar y seguirlo un poco también), haciendo pequeños descansos estirada mirando al cielo y agradeciendo esta experiencia que se había transformado en la más íntima y especial hasta el momento.

Pero los procesos de aprendizajes, como la vida que al final es una cadena de eso… de aprendizajes… te sorprenden con nuevas situaciones y nuevos actores…

Estaba ya comenzando la etapa final de la ascensión (La Grimpada, que consiste en trepar con la ayuda de las manos por grandes rocas hasta la cima) cuando se dio el coincidir con un grupo de excursionistas especialmente simpáticos (aunque debo decir que con todas las personas que he coincidido eran súper agradables!) que de forma natural y desinteresada me animaban a seguir, me preguntaban sobre los motivos para estar allí, me esperan si me retrasaba… y así, poco a poco, seguimos avanzando juntos.

¡No los conocía de nada! Y me acogieron como una más y esa sensación de pertenencia (aunque sea un ratito, solo por ese tiempo) me dio la energía y alegría de llegar acompañada a cumplir con el desafío que había decidido asumir, plena de felicidad.

Llegué a la cima sin apenas creer que finalmente lo hubiese conseguido… miraba hacia atrás y recorrería todo lo andado con la vista y por dentro, la sensación de fortuna por haber superado mis creencias y de haber vivido una experiencia que sin dudas dejaría huellas por siempre en mí.

¡RETO CONSEGUIDO, SATISFACCIÓN PROFUNDA!

Entre abrazos de felicidad y despedida con este grupo maravilloso de personas, me dispuse a bajar aún con la euforia en las venas y fue en ese tramo de descenso donde mis pensamientos conectaron con lo vivido, con los aprendizajes y en cómo, en mayor o menor medida, funcionamos frente a ellos.

GRANDES APRENDIZAJES.

  1. Conectar con el deseo de hacer cosas diferentes.
  2. Escuchar todas las creencias limitantes, pero reforzar los recursos, herramientas y habilidades personales para cuestionarlas y preguntarse ¿qué voy a hacer para enfrentarlas, estoy dispuest@ a hacerlo?.
  3. Creer en uno mismo y en la fuerza interior para asumir los retos que vayan surgiendo e ir reafirmándola paso a paso.
  4. Tomar compromisos, asumir responsabilidades y naturalizar el error.
  5. Agradecer lo vivido, lo aprendido y compartirlo.

El fin de este proceso y la idea de plasmarlo en papel lo decidí tomando una cerveza helada y reconfortante en un bar al llegar al pueblo, sentada justito delante del Pedraforca, mirándolo como hipnotizada.

La decisión de compartirlo responde a mi deseo que pueda servir de motivación, inspiración o simplemente como toma de conciencia de cuántas cosas hacemos y vivimos a diario y cuántos aprendizajes atesoran en sí mismos.

Abracémoslos fuerte y no los dejemos pasar sin más…

Lorena Marengo

Formadora y Executive Coach en focus inside

 

2020-09-03T07:02:47+00:00