||La Regla del 66,33,1.

La Regla del 66,33,1.

“Coraje para afrontar aquello que puedo cambiar, serenidad para aceptar aquello que no, y sabiduría para distinguir lo primero de lo segundo”.

Este viejo dicho probablemente conocido por muchos de nosotros resume con mucho acierto una filosofía de vida (y de profesión) tremendamente útil y al mismo tiempo muy difícil de aplicar.

Stephen Covey, transmitió con mucha claridad un concepto muy parecido con sus conocidos círculos de Preocupación y de Control. En el fondo es aquello de “si tiene remedio ocúpate en vez de preocuparte y si no lo tiene, ¿para qué te vas a preocupar?” Vamos, que al menos conceptualmente, lo de preocuparse parece que no es una estrategia muy efectiva, aunque también es algo muy humano – ¿quién no se preocupa de vez en cuando en mayor o menor medida?

En los talleres que facilitamos donde se sustancian conceptos como la proactividad, la asunción de la responsabilidad, el empoderamiento y otros relacionados, acostumbramos a emplear una distinción en forma de modelo inspirado en los círculos de Preocupación y Control, incorporando un área intermedia que nos resulta de utilidad para guiar la reflexión y toma de decisiones de los participantes: el círculo de influencia.

  • En la zona de Preocupación residen todas aquellas circunstancias que nos afectan, pero que no podemos hacer nada para modificarlas. Circunstancias de mercado, aspectos regulatorios, cambios normativos, marcos culturales…

 

  • En la zona de Influencia residen aquellos aspectos sobre los que no tenemos un control directo, que por lo tanto no dependen totalmente de nosotros, pero sobre los que sí podríamos llegar a influir a través de la interacción con otra persona. La relación con mi jefa o con un compañero del equipo no depende totalmente de mí, pero muy probablemente la calidad de la misma depende parcialmente de la manera en la que yo me aproxime a esta persona.

 

  • En la zona de Control están las circunstancias que yo genero y por lo tanto dependen totalmente de mí. Mis pensamientos, decisiones, prioridades, elecciones, mi nivel de preparación, en qué focalizo y en qué no, cómo me organizo, qué me digo a mi mismo, cómo decido interpretar lo que me pasa

“Solo hay una cosa más estúpida que pensar que todo depende de ti, pensar que nada depende de ti”.

Probablemente en cada situación que afrontamos la distribución de los 3 círculos cambia de manera significativa. Nos enfrentaremos a situaciones en las que nuestra capacidad para mejorar las circunstancias es muy limitada. En otras, tendremos una alta posibilidad de transformarla si asumimos ese desafío.

Muy probablemente, si miramos nuestra trayectoria vital y profesional de forma global, siempre estarán presentes los 3 círculos en mayor o menor medida. Lo importante será tener la lucidez para identificar en cada situación a cuál de los 3 círculos corresponden los aspectos clave de la misma, para aplicar las siguientes estrategias:

  • Aspectos identificados en la zona de Preocupación: Abandonarlos si es posible, y si no lo es, trabajar en la aceptación de los mismos y en la generación de estrategias adaptativas para minimizar su impacto negativo (objetivo o emocional). Por ejemplo, si no comulgo con la cultura de mi empresa, pero creo que no puedo cambiarla ni decido dejar la empresa, debo trabajar en la adaptación a la misma desde la aceptación responsable (muy lejos de la resignación).

 

  • Aspectos identificados en la zona de Influencia: Identificar con claridad a las personas con las que deberemos interactuar para influir positivamente en dichos aspectos y generar estrategias relacionales y de persuasión a través de propuestas, sugerencias, peticiones, límites, acercamientos… Por ejemplo, si me está afectando negativamente el retraso en los plazos de entrega de un compañero del equipo, merece la pena prepararme adecuadamente para hablar con él y enfocar la manera de mejorar dicha situación.

 

  • Aspectos identificados en la zona de Control: Priorizar la dedicación de tiempo y energía en la gestión de dichos aspectos: reflexionar qué puedo y debo hacer yo ante situación para sacar el máximo provecho de la misma: cómo me preparo racional y emocionalmente, qué decisiones tomo, qué riesgos asumo, qué acciones emprendo, qué hábitos transformo…

 

Relacionado con la identificación de los 3 círculos o ámbitos, surge la regla del 66, 33, 1. Siendo consciente de la dificultad que puede representar la aplicación práctica de este modelo conceptual, dicha regla sugiere que orientemos la mayor parte de nuestra atención, energía y tiempo al círculo de control (66%), una parte también relevante al círculo de influencia (33%) y dejemos para el círculo de preocupación la mínima de nuestra focalización (1%). Pensar en aquello sobre lo que no podemos influir es tremendamente humano, pero por definición nada productivo.

La regla del 66%, 33%, 1% nos deja el derecho al pataleo breve y nos orienta a trabajar fundamentalmente en nuestra gestión intrapersonal e interpersonal.

Relativamente fácil de explicar, ¿fácil de aplicar?

Jesús Martínez Bustos

Socio fundador y Director en focus inside.

2019-03-13T11:26:23+00:00